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Queremos ser tan perfectos que nos vamos convirtiendo lentamente en inhumanos.

La perfección no es una condición adherida precisamente al ser, pero pretendemos ser lo que no somos detrás de una capa muy perfecta pero sin alma, sin espiritualidad, sin sentimientos verdaderos, sin amor. Por eso traicionamos y nos traicionamos a cada instante porque sólo la verdad se sostiene y la perfección, lo políticamente correcto, los estigmas son una burda falsedad que además de crueles son insostenibles.

En ser humano y divinamente imperfecto radican todas las claves para no sufrir, pero el hombre, con su desafortunado porciento con que usa el cerebro, lo entiende por lo general, de una manera contraria, desacertada en su totalidad.

Yo confío plenamente en que algún día cambie esta mentalidad y podamos ser, con todas y cada una de nuestras imperfecciones, plenos y felices, sobre todo, honestos con nosotros mismos, porque al final, eso es lo único que abre las puertas terrenales a alcanzar la felicidad.

Yaneli Morales©
YANELIMORALES.COM

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