A menudo las personas se anclan al pasado y se atan a recuerdos que a veces son más idolatría o percepción que memorias dignas de recapitular. Porque en realidad a veces el pasado es más apariencia que conciencia.

Desafortunadamente a medida que pasa el tiempo la fe va disminuyendo. Paradójicamente Dios nos da un día más de vida pero nos sentimos menos, vamos perdiendo las fuerzas y comenzamos a sentirnos incapaces.

Se empieza a contar el tiempo con prisa y olvidamos que la mayoría de enfermedades brotan de un alma enferma. Es ahí donde ese pasado que tanto añoras te juega una mala pasada.

Días que no se vivieron, conversaciones que no se terminaron; o incluso no se pudieron tener, amores que no llegaron ni al primer beso, hijos que pudimos llegar a ponerle nombre y muchas discusiones buscando validar la razón.

Ese pasado ya no se recupera pero número uno, no te puede atormentar, número dos, no te puede enfermar.

Es ahora; y no es cliché, es ahora. El mensaje, la llamada, perdonarte, no castigarte, mirar hacia adentro, es ahora.

De hecho, siempre ha sido ahora.



Yaneli Morales

@yaneliblog

Deja un comentario