El amor no falla.

 

Te escribo esta carta en versos,

porque en prosa no consigo,

decirte cuánto te quiero,

lamento haberte perdido.

 

Te he sido infiel, es mi culpa,

aún así no he conocido,

quien me haya querido tanto,

lamento cuánto te he herido.

 

Que ser infiel no es de humanos,

que es falta de amor, lo sé,

igual yo te extrañaré,

por lo que hemos vivido.

 

No me preguntarás por qué,

¿ por qué pequé en otro nido?,

no poseo la respuesta,

quizás lo quiso el destino.

 

Ya no habrán amaneceres,

al menos tú y yo, piel con piel,

el viejo banco del patio,

no verá el sol caer.

 

Aquí desde la distancia,

sola en esta madrugada,

¿cómo uno pierde todo?

por darle gusto a la nada.

 

No puedo evitar pensarte,

ya sé que te he sido infiel,

también sé que no te amo,

pero se vale querer.

 

Suena muy contradictorio,

hasta suena irreal,

mas no paro de pensar,

en todo lo prometido.

 

No creas que fue un castigo,

ni creas en maldición,

a veces con el dolor,

es que se abre el camino.

 

Te escribo esta carta en versos,

a ver si limpio mi alma,

no esperaré tu perdón,

sabes que el amor no falla.

 

Yaneli Morales.

 

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El verso.


El verso me hace feliz
porque el verso es elocuente,
hace reír a la gente,
también los hace pensar,
no es fácil de trabajar,
suele ser muy exigente.

El verso a mí me da vida,
es el regalo de Dios,
ese que un día me dio,
para que yo no callara,
de versos cargo mis alas,
con versos me cargo yo.

El verso me convierte en alma,
palpitando de emoción,
me hace cortas las mañanas,
me transporta a las montañas,
me hace hablarle a las abejas,
es la miel, es mi sazón.

El verso me conduce lejos,
donde cantan los laureles,
donde la abuela se mece,
donde el campesino suda,
el verso de mí no duda,
son riendas de una canción.

El verso es la inspiración,
que hace que viva la vida,
saboreando cada rima,
deleitandome en su aroma,
el verso hoy me distingue,
como poeta y señora.

Yaneli Morales.

Tiemblan mis manos.

Tiemblan mis manos, pero no mis ganas,

ni mi aliento, ni mi brío, ni mi luz.

Porque el miedo, a no haberlo intentado,

ese, ese si me deja sin reflejos.

La oportunidad que tengo hoy,

no me garantiza, que regresará mañana.

Entonces yo me garantizo,

que la tomaré hoy; entre mis manos

temblorosas, para no padecerla, mucho

menos, para extrañarla. Tiemblan mis

manos, tengo que recuperar el tiempo,

olvidar la lágrima derramada sin dolor, sólo

cargada de una constante expectativa, que

ni siquiera duele, pero ciega. Ciega la

lágrima seca, la que no da frutos. Tiemblan

mis manos, con tan sólo pensar, que pude

haberte perdido, por cargar con un pasado

enfurecido, que ya no se acuerda de mí, de

lo mucho que le di, ni siquiera, de lo que por

cargarlo a mis espaldas, he perdido. Cuando

vas con miedos, o aprendes a vencerle, o te

devora, lentamente, reduciendo tu existencia

a ser esclavo de lo que te paraliza. Tiemblan

mis manos, de los fuertes aplausos, que me

concedo. Porque lo he conseguido.

Yaneli Morales.

Mi caballero.

Huele a lluvia,

huele a madera,

a primavera,

huelen las rosas,

la brisa embriaga,

la vida me ama,

amo a la vida.

Se hace el presente,

me siento fuerte,

no siento miedo,

cuando te quiero,

cuando te abrazo,

mi caballero.

Huele a valiente,

por más que sueño,

con las serpientes,

tú me proteges,

de las heridas,

del vil veneno,

mi caballero.

Lo tengo todo,

porque te tengo,

eres mi hombre,

el que me cuida,

el que sonríe,

por darme vida.

¡Cuánto te quiero!

mi fiel amante,

mi compañero,

mi caballero.

Yaneli Morales.